


La historia de la afición de las ciguëñas por nuestra torre viene de lejos. Recién creado el pueblo ellas vinieron a poblarlo igual que las cerca de quinientas familias que llegaron de otras poblaciones de la provincia y de otros lugares del territorio español.
El crotorar de las cigüeñas nos ha acompañado a lo largo de nuestra corta historia de pueblo de Colonización. “Ya están haciendo el gazpacho”, decíamos de pequeños cuando oíamos el crotoreo y es que en un pueblo pequeño era muy usual escucharlas porque los tejados de los lugares más emblemáticos como el cine, el ayuntamiento y la iglesia eran los elegidos por estas aves para hacer sus nidos. Los gritos de “Traenos un niño” de la chiquillería cuando las veíamos pasar alegraban las plazas y calles provocando las sonrisas de los mayores porque ya habían visitado demasiadas veces a esas familias numerosas.
El regadío aportaba buena alimentación de manera que no tuvieron que marcharse a África como acostumbraban a hacer desde tiempos inmemoriales.
Pero no todo fue siempre tan hermoso. Estas criaturas que como los humanos se emparejan para toda la vida construyen nidos enormes donde crían a sus polluelos durante varios años. Nidos que van creciendo llegando a pesar muchos kilos que han de soportar las cúpulas de las torres.
En los últimos días hemos podido contemplar cómo se desmontaban los tres enormes nidos que cargaba nuestro campanario. Uno situado en una estructura de hierro que se colocó hace unos años para que anidaran sin provocar accidentes a los viandantes y los otros en los aledaños de la cúpula con la consiguiente caída de troncos y barro sobre los feligreses a la salida de la iglesia.
Después de muchas gestiones con la Junta de Extremadura y la Consejería de Agricultura, Ganadería y Desarrollo Sostenible realizadas durante meses desde el Ayuntamiento y la Parroquia, tras informes policiales, por fin se consiguió el permiso para su desmontaje.
El martes 27 de agosto el pueblo amaneció con una enorme grúa y varios dispositivos de bomberos y Cruz Roja para dar comienzo a los trabajos. Sobre la 10 de la mañana, y con la expectación de numerosos valvienses y veraneantes que desayunaban en las terrazas de la plaza, pudimos ver los trabajos que provocan estas hermosas criaturas.
Hoy la cúpula de nuestro campanario luce limpia y dispuesta a albergar de nuevo una pareja de estas familiares aves que han sido testigo del paso del tiempo y de la evolución y progreso de nuestro pueblo.










