Las VI Jornadas de Historia de Valdelacalzada invitan a recordar y reflexionar sobre la vida del municipio durante la década de los años setenta. Con la participación de testigos de la época, que ofrecerán sus testimonios, y con la presentación del libro “Los setenta. Valdelacalzada”, de la Cronista Oficial Emilia Ramos Silva, esta jornada recupera la memoria del comercio, la agricultura, el deporte y la vida cultural del pueblo, ofreciendo un espacio para compartir recuerdos y poner en valor la historia reciente de Valdelacalzada.




A las seis de la tarde del día 24 de abril —fecha de especial relevancia para la vecina nación portuguesa— tuvo lugar en Valdelacalzada la sexta edición de las Jornadas de Historia de Valdelacalzada, dedicadas en esta ocasión a la década de los años setenta.
El programa, de carácter eminentemente participativo, se estructuró en dos partes.
En la primera intervinieron diversas personas que, en su momento, desempeñaron cargos representativos en el ámbito de la economía local, la educación, la cultura y el deporte. Cada una de ellas compartió su perspectiva y relató sus vivencias durante aquellos años de transición comprendidos entre el final del franquismo y los albores de la democracia.


Así, Antonia Parra González narró su experiencia como joven empresaria junto a su hermana, evocando las dificultades que afrontaron al gestionar un supermercado en una época en la que era necesario envasar manualmente todos los productos destinados a la venta. Recordó las largas jornadas que se prolongaban hasta altas horas de la noche, los tempranos amaneceres para recoger las verduras y la fruta y el gran esfuerzo que durante años sostuvo la economía de sus familias y benefició, en buena medida, a muchas vecinas del pueblo, que seguían comprando “al fiado”. En aquel tiempo —explicó— la economía doméstica dependía aún del cobro de la leche o de los ingresos procedentes de la cosecha.
Antonia también relató las dificultades que enfrentó al realizar sus primeras gestiones económicas, así como las particularidades de una sociedad marcada por las carencias y la precariedad. Mencionó incluso la llegada de cuadrillas de temporeros dedicados a la recogida del tomate, cuyas compras de última hora alargaban notablemente su jornada laboral.
Por su parte, Antonio Villafaina Moriche, agricultor y ganadero, compartió sus recuerdos de juventud, cuando trabajaba junto a su padre y posteriormente asumió la responsabilidad de la parcela familiar. Expuso las dificultades derivadas de la falta de asesoramiento técnico en materia de cultivos —pues cada agricultor sembraba según su propio criterio—, así como la desventajosa situación de los precios del tomate y del pimiento, que con frecuencia eran sensiblemente inferiores a los del mercado.
Nos habló de las largas jornadas del ganadero que con seis o siete vacas tenía que estar todo el día pendiente de sus necesidades lo que ocasionaba que no pudieran asistir a ninguna fiesta o celebración. Hacía un análisis muy interesante ya que precisamente cuando empezó a ser rentable tener ganado debido a los medios que ahora se tienen, ya se había abandonado.


Antonio Jiménez Vecilla hizo un recorrido por la historia del fútbol en nuestro pueblo, deteniéndose en la década de los 70, ofreciéndonos una información detallada de nombres de jugadores, equipos y temporadas. Con una memoria privilegiada, Antonio nos contó anécdotas, algunas muy divertidas, de aquellos precarios años para el deporte y para todo tipo de actividades deportivas, pero con una ilusión y una capacidad de superación de aquellos jóvenes hijos de colonos y obreros que llegaron incluso a salir del club y triunfar en otros equipos mejor situados.
Su vocación por el deporte nunca le abandonó a pesar de haber sufrido un accidente laboral que le impidió seguir practicando el fútbol, pero que no logró alejarlo del entrenamiento y de participar en las juntas directivas. La emoción por los recuerdos nos la trasmitió a los que allí estábamos.
Bárbara Fernández Flores, perteneciente al ministerio de Cultura, hoy ya jubilada, nos contó con entusiasmo su estancia en Valdelacalzada junto con dos compañeras. Aquella experiencia que para ella fue un reto permanece en su memoria como una etapa fructífera en la que realizaron una labor muy importante en Valdelacalzada, incluso en pueblos de alrededor. La creación del Hogar de Pensionista, la biblioteca municipal, los grupos de teatro y coros y danzas, fueron algunas de sus realizaciones. El público presente aún la recordaba, a pesar de haber pasado casi cuarenta años, y el cariño, así como las anécdotas surgieron de manera espontánea.
En la segunda parte del acto Francisco Javier Hormigo Oliva realizó la presentación del libro ”Los setenta. Valdelacalzada” de esta cronista.
Con un formato dinámico, Francisco Javier hizo una serie de preguntas sobre el libro que yo fui contestando y aclarando y al mismo tiempo creando la curiosidad en los asistentes. En definitiva, una manera amable y asequible de trasmitir la información.
Se hizo especial hincapié en la emigración que hubo en la década y de la que en el libro se recogen diferentes testimonios de personas que tuvieron que marchar a otros lugares de España e incluso en Europa.
Las dificultades que tuvieron de adaptación, pero también las oportunidades que se les ofrecieron, ya que aquel pueblo que le dio cobijo a familias con hijos pequeños, ahora, cuando se hicieron adultos esos niños, se les había negado.
La Jornada acabó con el reparto y firma de libros. Mi agradecimiento a los asistentes, ponentes y al ayuntamiento de Valdelacalzada.









