

Desde 1948 hasta 1955 en Valdelacalzada no hubo médico. En los primeros años de la colonia, antes de la construcción del pueblo, las familias tuvieron que apañárselas con los conocimientos que poseían de la medicina tradicional, hubo algunos partos en los barracones que fueron asistidos por las vecinas que tenían mayor experiencia. Solo algunos casos fueron atendidos por médicos y matronas de Montijo, pero fueron los menos. Los médicos que visitaron el nuevo pueblo fueron Francisco Morán de Puebla de la Calzada y José Parejo de Montijo según nos cuenta Ángel Traver Vera en su libro Historia Cotidiana de Valdelacalzada en la página 118. Suerte tuvieron de que el primer maestro que llegó en 1950, Juan José Vargas Esteban, fuera también practicante así que en lo referido a las curas e inyecciones el pequeño pueblo estuvo atendido. Hay que reconocer la labor realizada por Francisca Murillo, partera empírica y autodidacta, que ayudó a nacer a gran parte de los niños, incluso después de la llegada del médico.
Es en esta primera época en la que los vecinos sufrieron mayores problemas sanitarios, no solo por la falta de especialistas sino por la ausencia de medicamentos, principalmente antibióticos. Según los testimonios de algunos vecinos, a veces tenían que ir a Portugal para comprarlos a un precio desorbitado y en algún caso fueron engañados, vendiéndoles productos fraudulentos.
Otro aspecto importante fue la tardanza en poner en funcionamiento el cementerio, aunque se proyectó en 1952, hasta 1960 no se produce el primer enterramiento. Fueron en Puebla de la Calzada o en Badajoz donde recibieron sepultura los fallecidos durante esos primeros años.
En junio de 1955 en la circular número 338 del INC se establecen las normas de la asistencia médica en los pueblos de Colonización. Siete años después de la llegada de los primeros colonos. En ella se fijan las siguientes normas:
El INC dotará a los núcleos de Colonización de la debida asistencia sanitaria.
Los médicos percibirán por la asistencia de los colonos una cantidad igual a la que tenga asignada el Colegio Oficial de Médicos de la provincia.
En cuanto a los colonos y obreros se establece un sistema de Igualas. El INC abonará al médico la totalidad de las igualas que luego cobrará a los colonos en tutela el 50 por ciento, el otro tanto por ciento lo abonará el Instituto con cargo a su presupuesto.
Los obreros y colonos en acceso a la propiedad pagarán directamente la iguala al médico o bien a través de la Mutualidad.
En 1955 llega el médico titular Pedro Mulas González al que se le adjudica vivienda con consultorio en el centro cívico.






En las fotografías el médico Pedro Mulas González, el maestro- practicante Juan José Vargas Esteban y el farmacéutico Venancio Barquero de la Cruz
La vivienda del médico tenía en la planta baja el consultorio médico que disponía de una pequeña sala de espera, el despacho y una pequeña sala de reconocimiento donde había un botiquín mínimo. Además de Valdelacalzada, el médico atendería a los vecinos de Guadiana.
El Instituto Nacional de Colonización mandaba trimestralmente un modelo impreso que habría de rellenar el médico para conocer la situación sanitaria de los nuevos pueblos. También sería el encargado de administrar las vacunas con la ayuda del practicante. Del mismo modo, sería el encargado de la vigilancia higiénico-sanitarias de las edificaciones públicas.
A finales de los años 50 el sistema de vacunas que estaba estipulado, según la revista de Vida Nueva era el siguiente:
La difteria, la viruela, fiebre tifoidea y paratífica que eran de aplicación obligatoria.
Otras enfermedades como la tos-ferina y el tétanos eran recomendadas las vacunas, pero no eran obligatorias. El caso más curioso de la época fue la poliomielitis epidémica. En Valdelacalzada sufrieron dicha enfermedad varios niños que no fueron vacunados como la mayoría de la población infantil hasta el año 1963. Esta vacuna que ya se ponía de forma preventiva en Europa desde mediado de los 50 no se aprobó su uso hasta 1963 dejando tras esa mala decisión de las autoridades una cifra muy elevada de afectados. Entre 1963 y 1964 se realizó una campaña masiva gracias a los médicos y practicantes rurales.
En cuanto al practicante, el INC, daba prioridad a los maestros que disponían, además, de ese título. Estos podían contratar con los colonos su asistencia y prestaban ayuda al médico, siempre que este lo considerara necesario.
Como anécdota contar que don José Vargas era un hombre de aspecto serio, pero muy cercano y empático con las familias que pasaban tantas escaseces, así que más de alguna vez ponía las inyecciones de manera gratuita, algo que no hacía mucha gracia a su esposa que era la encargada de enviar los recibos a las casas. Había nacido en Burgos, su padre fue periodista y director del “Diario de Burgos” y él también trabajó durante un tiempo en “La Vanguardia” de Barcelona, aunque fue el magisterio y su interés por la Colonización lo que le hizo venir a Valdelacalzada, según entrevista realizada por el periódico Hoy el 24 de febrero de 1967.
En la circular 338 también se establece como han de realizarse los avisos al médico: “Los enfermos deberán acudir al consultorio médico siempre que su dolencia no les obligue a guardar cama o les impida el traslado. En ese caso, con arreglo a las normas que figuren en los contratos de Iguala, serán asistidos por el médico en su domicilio, el mismo día que pasen aviso si se tratan de casos de urgencia o gravedad, y en los ordinarios serán visitados en los días que acudan al consultorio… Los médicos que vivan en la localidad tendrán obligación de pasar consulta diaria”.
En 1959 el arquitecto Perfecto López realiza el proyecto de edificación de la farmacia y vivienda del farmacéutico en un local de la artesanía donde estuvo primeramente el Frente de Juventudes y a partir de 1960 la central telefónica.
El farmacéutico fue Venancio Barquero de La Cruz, procedente de Quintana de la Serena, que permanecería en Valdelacalzada hasta su fallecimiento en la década de los 90. Una farmacia muy completa que pronto necesitó la ayuda de un mancebo. Cargo que ocupó los primeros años Lino Galán. Venancio Barquero tenía una gran cultura literaria y musical. Gracias a él muchos jóvenes aprendieron a apreciar la música clásica y flamenca en las audiciones que realizaba en su casa situada en la parte alta de la farmacia.


Cuando una persona tenía un problema de salud más grave había que hacer un seguro médico o bien ser ingresados en la beneficencia, dependiente de los hospitales provinciales.
En el caso de Pedro Martínez estuvo ingresado durante mucho tiempo en el Hospital de San Rafael en Madrid a consecuencia de un tumor en una pierna. El niño estuvo escayolado desde la cintura hacia abajo y como la familia no podía estar acompañándole, eran los vecinos emigrados a Madrid los que se encargaban de visitarle. Allí tomó la primera comunión. Este hospital era atendido por religiosos. Desde comienzos de siglo se había iniciado un servicio de consultas externas gratuitas y en 1934 se amplía el número de camas. A pesar de haber sido convertido en cárcel de mujeres en 1936 y posteriormente hospital militar, en 1957 vuelve a recuperar las especialidades.
Para otras familias que vivieron enfermedades graves de sus hijos con ingresos en Madrid, la venta de una vaca era la única oportunidad que tenían para salvar la vida de sus familiares.
Tanto el médico como el practicante y el farmacéutico formaron parte de la Comisión de Cultura junto con el párroco, el perito y el veterinario. Por lo tanto, tuvieron un papel muy importante en los nuevos pueblos, no solo desde el punto de vista sanitario, sino que también representaron la autoridad cultural del pueblo.
Fuentes:
Proyecto de farmacia. Centro de Estudios Agrarios de la Consejería de Agricultura.
Vida Nueva, Hojas de Comunicación entre el INC y los Colonos, 1960.
Informe La Poliomielitis en la época franquista. Ministerio de Sanidad







