

Dos pueblos de colonización, que bien podrían definirse metafóricamente como padre e hijo, se reunieron el día 18 de marzo de 2026 en Valdelacalzada para devolver la visita que previamente se había realizado en 2024, organizada por la Asociación Hogar del Pensionista “Hernán Cortés”.
En el BOE número 23 del 28 de enero de 1962 se publica la resolución en la que se señala la fecha de construcción del pueblo de Valdehornillos en la zona regable del canal de Orellana. Tras haberse declarado desierto en concurso restringido para la adjudicación de las obras, se aprueba adjudicar dichas obras a la empresa «Aurello GridiIla, S. A. en la cantidad de cuarenta y cinco millones setecientas setenta mil pesetas (pesetas 45.770.000).
En 1965 se construyen otras 20 viviendas de colonos y pavimentación de las calles, también realizado por la empresa de Aurelio Gridilla.
Un pueblo entero construido por la misma empresa. El arquitecto general fue Manuel Jiménez Varea en 1962.
En 1969 el pueblo estaba terminado y lo ocupan familias de diferentes municipios entre ellas 21 familias de Valdelacalzada, todas ellas formadas por hijos de los colonos llegados en la década de los años 50.
Estas jóvenes familias revivieron, en cierto modo, el inicio de un nuevo núcleo de población con características similares a aquel que sus padres habían levantado, si bien con la particularidad de que, en este nuevo destino, tanto la extensión de las explotaciones agrícolas como el tamaño de las viviendas eran mayores.
En 1970 dentro del Plan de Explotación de Valdehornillos y Alonso de Ojeda, realizado por el ingeniero agrónomo Antonio Osorio de la Cueva y los peritos agrícolas, Ramón Mateos López- Montenegro y Francisco Contador Rodríguez aparecen 115 lotes con una superficie media de 5,75 hectáreas, habiendo 130 viviendas para colonos y 57 para obreros.
Los primeros productos que se cultivan son: tomates, pimientos, maíz y sorgo.


Veintiuna familias procedentes de Valdelacalzada se asentaron en este enclave, donde iniciaron una nueva vida como colonos, ya no como hijos, tal y como lo habían sido en su localidad de origen. Se trataba de jóvenes que, junto a sus familias, habían emigrado desde otros pueblos en los que carecían de medios de subsistencia, y que, tras haber crecido en una comunidad aún incipiente, se vieron nuevamente en la necesidad de abandonarla.
Este pasado compartido y el profundo vínculo emocional que une a ambas poblaciones constituyen el fundamento de las convivencias a las que se hacía referencia al inicio del relato.
Así, en el mes de marzo y en el marco de la celebración de “Valdelacalzada en Flor”, se recibió a un grupo de más de treinta personas, que compartieron la jornada con la Asociación de Pensionistas y con los numerosos familiares que acudieron a darles la bienvenida. Con carácter previo, se había diseñado un completo programa de actividades, coordinado por la Oficina de Turismo del Ayuntamiento, la corporación local y la propia cronista.


Tras una breve explicación sobre el origen y la fundación de Valdelacalzada, se les guio en la visita a la iglesia parroquial de la Sagrada Familia, de la que muchos conservaban emotivos recuerdos vinculados a momentos tan significativos como su primera comunión o su matrimonio. La plaza del pueblo, auténtico centro de la vida social en los primeros años, se convirtió de nuevo en escenario de reencuentros con familiares y conocidos. Abrazos y risas compusieron entonces una auténtica sinfonía de voces alegres, en la que se entrelazaban memorias del pasado y nuevos proyectos de futuro.
A continuación, y tras ser recibidos en el Ayuntamiento por el alcalde, Francisco Javier Hormigo, quien les acompañó en un breve recorrido por las dependencias municipales, tuvieron ocasión de contemplar una exposición de fotografías antiguas de la localidad, testimonio gráfico de su historia y evolución, visitaron la Casa de la Flora, donde recibieron una detallada y didáctica explicación a cargo de María del Carmen Sánchez Díaz, animadora sociocultural. En este centro de interpretación se muestra el proceso completo del cultivo del frutal, desde la floración hasta la obtención del fruto, así como las distintas labores necesarias para optimizar su producción, siempre desde el respeto al entorno natural.
Posteriormente, recorrieron las calles engalanadas y, como colofón, se les ofreció un aperitivo en las instalaciones de la piscina municipal.
Con el corazón colmado de alegría, emprendieron el regreso a su localidad a las cinco de la tarde, con la promesa de volver para revivir una jornada tan emotiva como la compartida en Valdelacalzada.








